Por Alejandra Munguía
El término proscenio tiene su raíz en el latín y griego “proscenium” que significa “delante de la escena”.
Un lugar privilegiado en donde te sientes dentro de la acción. Sentarse en el proscenio es toda una experiencia que pareciera que compartes asiento con «El fantasma de la ópera» un personaje muy listo que llegó a fuertes negociaciones con los directores de la ópera para que le pagaran 20,000 francos al mes y le dieran un palco privado para presenciar los conciertos. Pero para esta columna no se llegaron a ese tipo de negociaciones, sino que se obtuvo el privilegio de asistir a los conciertos de nuestra querida Orquesta Filarmónica de Jalisco en el Teatro Degollado y escribir en esta columna al respecto.
Es así que hoy estrenamos columna y también hablaré sobre el estreno de la obra orquestal Corazón Azul del compositor mexicano Juan Pablo Contreras (Guadalajara, 1987). La obra fue comisionada por la empresa tapatía CONTPAQi para celebrar el 35 aniversario de su fundación y que mejor forma de hacerlo que apoyar al talento joven mexicano, dejando plasmada la esencia de la empresa en los sentidos del público.
La ejecución a cargo de la Orquesta Filarmónica de Jalisco fue majestuosa, lograron transmitir el viaje de esta empresa que nos remite a sonidos del mar, a danzas latinas y a un navegar en el cual el director titular Jesús Medina, guía a los músicos, se emociona junto con ellos y deja notar pequeños pasos de baile, al ritmo de la obra.
Y llega un momento en que como espectadora, respiro profundo, cierro los ojos metida en el climax de Corazón Azul e imagino que es el soundtrack de una película, y veo claramente la aventura narrada por Juan Pablo Contreras.
Después de 10 minutos, finaliza la pieza y el público aplaude, esperando un poco más. Un estreno que llenó mis expectativas, y me dejó con grandes deseos de escuchar Corazón Azul de nuevo, ojalá pronto la graben y la pongan a disposición de todos en plataformas online.
Luego de las olas de aplausos viene de nuevo el silencio en el Degollado, salen y entran músicos, afinan de nuevamente para recibir al Cuarteto Latinoamericano que interpretó el Concerto Grosso para cuarteto de cuerdas y orquesta de Julian Obrón. Al finalizar esta obra, siguió el intermedio, en el cual estuvo presente Juan Pablo en el vestíbulo del Degollado, saludando a todo el que se acercaba y creo que es algo que pasa seguido en el Teatro Degollado, es un espacio tan íntimo de la ciudad que puedes tener la oportunidad de conocer grandes artistas mexicanos e internacionales; me siento afortunada de haber conocido talentos y personajes a lo largo de mis «visitas» a este recinto.
Para la segunda parte del Programa III, interpretaron la obra de Ríos y Vertientes de Samuel Zyman, que fue comisionada para el 80 aniversario de fundación de la Orquesta Filarmónica de la UNAM y para también conmemorar los 40 años de inaugurada la Sala Nezahualcóyotl. Una pieza también que hace referencia a lo mexicano, a nuestra cultura de la fiesta eterna.
Y para finalizar fue Las Danzas del Ballet Estancia, del compositor argentino Alberto Ginastera. Fue un cierre espectacular, una composición formada por cuatro movimientos que te transportan al campo argentino, imaginaba a los gauchos y toda esa cultura rural del sur de América. Cuando terminaron el público no dejó de aplaudir, un Teatro Degollado rogaba por más música, pero no siempre se puede tocar mas piezas fuera del programa.
Creo que las empresas y sociedad dejan marca en la historia cuando se involucran en la creación artística ya sea la producción de pintura, escultura y hasta música como en el caso de este Programa III de la OFJ.
Solo queda decir gracias a estos «mecenas» del arte y la cultura que permiten y apoyan la creación.
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Hasta el próximo martes donde platicaré desde el proscenio sobre el Programa IV de la Orquesta Filarmónica de Jalisco en Teatro Degollado.
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Agradecimientos a la Lic. Giovana E. Jaspersen, Secretaria de Cultura de Jalisco, a la administración de la OFJ por hacer posible esta columna.
También agradecimientos al artista Gaal D. Cohen por la imagen del proscenio del Teatro Degollado.
