Desde el proscenio – Aplausos para la OFJ

Siempre para el público nuevo es un dilema sobre en qué momento son bien recibidos los aplausos dentro de una sinfonía o concierto para orquesta. ¿Por qué no podemos aplaudir entre cada movimiento? ¿Por qué solo aplaudir cuando finaliza la obra?

El pasado domingo presencié el Programa IV de la Orquesta Filarmónica de Jalisco en el Teatro Degollado; el programa era complejo tanto para los músicos, Juan Carlos Lomónaco (director huésped), Santiago Lomelín (piano) y también para el público, porque no se trataba de cualquier concierto, primero estaba programada la a veces olvidada Obertura de poeta y campesino de Franz Von Suppé, después el Concierto para número 2 de Frédéric Chopin y para finalizar la Sinfonía número 9 en do mayor, D.944, La grande de Franz Schubert.

Juan Carlos Lomónaco, director huésped para el pasado Programa IV ha sido acreedor de las becas que ofrece el FONCA por 5 ocasiones y claro que es merecedor de dichas becas, su talento lo demuestra al dirigir con elegancia y precisión, también es director titular de la Orquesta Sinfónica de Yucatán desde 2009 y ha dirigido más de 50 orquestas de todas partes del mundo.

Y ¿Cuándo se aplaude?

La primera vez que asistí a un concierto sinfónico, me di cuenta que no siempre que había silencios o cambio de movimientos se aplaudía. Esto es para no romper el climax, la emoción y concentración tanto de los espectadores como de la orquesta. Me ha tocado ver directores que se molestan cuando el público emocionado aplaude entre un movimiento y otro, voltean hacia el público en son de regaño y regresan a dirigir el siguiente movimiento. Pero en el concierto pasado de la OFJ no fue el caso, el público me sorprendió, el concierto de Chopin que parecía difícil pasó la prueba de no aplaudir entre los silencios, al público pudo ganarle la emoción de aplaudir al joven pianista Santiago Lomelín, pero no lo hicieron hasta el final de la obra. Santiago al finalizar, después de una gran ola de aplausos, nos complació con un encore, que no supe distinguir si fue un fragmento de una obra de Chopin u otra composición para piano.

Después se vino la Sinfonía número 9 de Schubert, compuesta por cuatro movimientos, y fue en el tercero que todos nos confundimos (me incluyo en esto) y aplaudimos creyendo que era el gran finale, pero no fue así y fue un aplauso corto para dar paso al cuarto movimiento: Finale: Allegro vivace.

También durante el cuarto movimiento sucedió algo nada relevante para el concierto, pero que es algo inusual, un programa de mano cayó desde los palcos terceros, dentro del programa de mano estaba un boleto y pareciera que flotaba sobre el escenario, hasta que terminó el boleto junto a las violas frente el proscenio y el programa terminó por caer a los pies del público de la platea. Pero fue tal la concentración del concierto que nadie dijo nada, no se escuchó ni un murmullo al respecto, el público se comportó a la altura, sólo observamos unos cuantos el vuelo del programa de mano.

Una obra muy difícil contemplar y ejecutar pero fue un gran concierto, la orquesta, el director y el pianista invitado lo dieron todo y fueron merecedores al final de un gran aplauso y un Teatro Degollado lleno.

 

Des el proscenio con Juan Carlos Lomónaco y Santiago Lomelín

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Hasta el próximo martes donde platicaré desde el proscenio sobre el último programa de la Segunda Temporada de la Orquesta Filarmónica de Jalisco en el Teatro Degollado.

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Agradecimientos a la Lic. Giovana E. Jaspersen, Secretaria de Cultura de Jalisco, a la administración de la OFJ por hacer posible esta columna.