Como en las series de la televisión o de Netflix, los finales de temporada siempre te sorprenden, te dejan con ganas de más y pasa lo mismo con el final de la Segunda Temporada de programas de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, ahora tendré que esperar hasta la próxima temporada para seguir con la tradición de los conciertos de domingo en el Teatro Degollado.
Y es dentro de esta misma analogía de los finales de temporada, que Cultura Jalisco se tenía una sorpresa reservada para el público y esta fue que la Sociedad Mahler México entregó a la OFJ el premio a la Mejor Orquesta Sinfónica del país. Fue un momento muy grato, emotivo, el resultado de los 104 años de historia de nuestra querida orquesta y da muchísimo gusto que se le reconozca como en una gran difusora de la música clásica entre los jaliscienses.
Es así que llenos de emoción inicia el concierto de cierre de temporada, con un programa espectacular abriendo con Mozart y su Sinfonía Número 35 en re mayor, K385, Haffner. Una composición realizada para interpretarse durante la boda de Elisabeth Haffner y Franz Xaver Späth, un regalo singular digno de la realeza, y pienso que no debería perderse la costumbre de hacer regalos que trascienden como lo es una sinfonía, una obra de arte, o un escrito.
Después de Mozart, continuó la orquesta con el Concierto para trompeta y orquesta en mi bemol mayor de Franz Joseph Hayden con Jens Lindemann como trompetista invitado, quien con sólo caminar por el escenario del Teatro Degollado, hace notar su talento, carisma y presencia. Y para no hacer el cuento largo, sólo puedo decir que su interpretación de la trompeta me dejó sin aliento y sólo nos estaba preparando para la cereza del pastel del programa: la composición Dreaming of the Masters III del compositor canadiense Allan Gilliland.
Pero antes de llegar a esa parte del programa, también presenciamos la obra de Aaron Copland, El Salón Mexico, que desde el acorde #1 pude imaginarme perfecto bailando en aquella época de México, entre los años veintes y treintas. Visualicé a las mujeres bailando lenta y coquetamente danzón al lado de jóvenes con trajes sueltos. Me transportó a una imagen a blanco y negro del cine de oro. No quería que terminara la sensación de la mezcla de ritmos, de la esencia de México y una de las razones por las cuales me sentí dentro del danzón es porque al ritmo del titular de la orquesta, Jesús Medina, nos transmite su emoción con una dirección casi como un paso de baile, con un brinco de vez en vez. Por eso no sorprende que el público se queda aplaudiendo esperando que salgan y vuelvan a tocar de nuevo, pero no siempre es posible y había que pararse y estirar las piernas en el intermedio.
Para finalizar, sale resplandeciente Jen Lindemann, ahora con tres trompetas, una última de colores tornasol y explica al público que dicho instrumento es para apoyar al movimiento Cacer Blow, dedicado a generar conciencia y procurar fondos a través de conciertos para alentar la investigación sobre el cáncer sanguíneo y el mieloma múltiple. Y en verdad lo dio todo en el escenario, nos emocionamos, reímos y casi puedo decir que bailamos sentados con una gran obra de jazz contemporáneo para orquesta de Allan Gilliland, que fue escrita y pensada para Jen.
El público enloqueció y exigimos con aplausos más; no obstante nos complació con una interpretación de una canción de Queen. Terminó, se despidió, pero el público quería más, así que vuelve a salir y ahora improvisó, utilizando manos, boca y voz como instrumento musical junto con la orquesta, quienes también se divirtieron improvisando y aprendiendo de un gran músico como Jen.
Solo queda decir que fue un gran cierre de temporada, queremos más.
Agradecimientos a la Lic. Giovana E. Jaspersen, Secretaria de Cultura de Jalisco, a la administración de la OFJ por hacer posible esta columna.
También agradecimientos al artista Gaal D. Cohen por la imagen del proscenio del Teatro Degollado.
Columna por Alejandra Munguía

