Bajo la curaduría de Beatriz Bastarrica, LEVADURA es una exposición en la que un grupo de mujeres artistas, algunas integrantes del colectivo Hilos, se reunieron para cuestionarse sobre el espacio expositivo que antes fue una panadería y la situación de las mujeres en la actualidad, partiendo principalmente del eje «lo personal es lo político».
Arte por mujeres
Las obras de Sofía Crimen, Florencia Guillén, Laura Garza, Eleonora Ramal Aboumrad, Mariana Giménez, Rocío Saenz, Claudia Rodríguez, Mónica Leyva y Maj Lindström, conversan y proponen una reflexión sobre lo humano, la evolución del rol de la mujer en la sociedad.
Cada pieza fue realizada pensada en el espacio que antes fue la Panadería del Río en Santa Tere y que ahora es el espacio ocupado por Ponche Pajarote. Un lugar que deja ver su historia marcada en los muros, en las puertas escondidas, ladrillos ahumados y piso desgastando.
Me enteré de la exposición al ver en redes sociales la imagen de un comedor que parecía sacado de la película Mary Poppins, de la escena en la que toman el té en el techo de la casa del tío Bert. Investigando más supe que era la obra de Sofía Crimen para la exposición LEVADURA, organizada por integrantes del Colectivo Hilos, desde ese momento me atrapó y encantó la idea de una exposición que recupera un espacio, que resignifica un lugar, y se transforma en una exposición en forma, pensada y trabajada, con propuesta curatorial.
Fue así que decidí visitar la exposición, hablé con Laura Garza para agendar la visita y fue así que surge este texto sobre la visita.
Me llamó la atención que la curadora de la exposición, Beatriz Bastarrica en lugar de texto de sala propuso una serie de preguntas que van desde ¿Cuál es la diferencia entre ser y estar? ¿Qué sucede cuando consumimos productos artísticos? ¿Merece la pena tratar de definir el arte? Una práctica no muy común para un texto curatorial pero el cual creo que funciona y ayuda al espectador a cuestionarse lo que ve durante su visita.
«Cada quien abordó el tema desde dónde le picaba el espacio, es esta idea de trabajar con el espacio del trabajo manual, del edificio y la materia prima que era la masa madre, lo que representa alrededor de nuestra sociedad esta estructura» – comenta Laura Garza.
El espacio nos recibe con la obra de Eleonora Ramal Aboumrad, y la pieza de Mariana Giménez, «Tejido de contención» que proyecta una sombra, un juego de luces sobre el espacio expositivo.

Y así comienza el recorrido por la exposición, en la que comenzó con la pieza de Laura Garza que habla sobre el éxodo de las mujeres migrantes con las que estuvo trabajando la artista. Se topó con pared y se dio cuenta que 2 de cada 3 mujeres migrantes son profesionistas que vienen huyendo de su país. Lo más impactante es que sean mujeres profesionistas que por azares del destino ahora se encuentran vendido flores de hoja de palma tejidas.

Es por eso que son las 50 flores representando las 50 estrellas de la bandera de EUA, como el sueño americano que buscan al dejar su país de origen.
«Tenemos una idea muy distinta de lo que está pasando con los migrantes» comenta Laura, para quien la migración siempre ha sido su preocupación, porque viene de una familia que ha migrado y lo refleja en su obra. Una de las historias recolectadas por la artista fue la de una pareja que venía huyendo ya que la mujer sufrió de acoso sexual en su trabajo.
Después seguimos con dos instalaciones de Claudia Rodríguez, quien trabajó con los secretos, su pieza se abre camino misteriosamente, «la idea es hablar de los secretos, lo que hay detrás de lo que parece, siempre hay muros detrás de otros muros, también de la construcción» comentó Claudia, quien estuvo presente durante la visita guiada.

Casualmente mencionó la artista que los niños durante la inauguración fueron los únicos que encontraron los objetos escondidos entre los ladrillos. Quizá porque conservan su mirada ingenua y traviesa ante los objetos que los rodean. Una pieza que habla sobre lo que hay detrás de las historias, de las noticias que comienzas a escarbar y encuentras siempre más de lo que buscabas o te enteras de que la verdad era distinta.
Después Laura, Claudia y Florencia Guillén, artistas presentes en el recorrido, hablan sobre la pieza de Sofía Crimen, me contaron que la pieza se fue transformando con el tiempo desde la inauguración. La pala que está sobre la mesa, tiene una bola de masa que fue sujeta a la gravedad y poco a poco se ha luchado por regresar a tierra firme, por lo que ahora la masa se ve como si estuviera a punto de caerse.
La historia es que el bisabuelo de Sofía era buscador de tesoros y que con la misma pala con la que desenterraba tesoros la utilizaban para sacar el pan del horno, así que investigó la receta de pan de su bisabuela para hacer la masa y ponerla en la pala de la instalación. Una escena nostálgica y familiar de un comedor.

Todas las obras van dialogando una con la otra. Y con la mirada dirigida hacia el techo, te vas dando cuenta que el hollín abunda en el lugar, porque antes aquella sala era el espacio de los hornos de la panadería. Fue así que Mónica Leyva, talló con una moneda el hollín de la pared para formar un juego de palabras que son parte de su línea de investigación.

Siguiendo con el recorrido nos encontramos con las piezas de Rocío Saénz en las que interviene unos panes, haciendo referencia a la panadería.
En las piezas de Maj, situadas a la derecha de las de Rocío, se encuentran frases ocultas en sueco, que hablan sobre la violencia a las mujeres. Las piezas van desde una etapa joven hasta una madurez y empoderamiento en el que la mujer dice «no».

Ahora llega el turno de Florencia Guillén, presenta sus obras que tienen que ver con su línea de trabajo en la artista se acerca a cuerpos de agua, primero los ríos y luego al lago de Chapala. Comenzó a ver un poco más la historia del lago de Chapala, y en las actividades que ya no podemos hacer como antes como meternos a nadar al lago porque está muy contaminado.

Florencia comenta que esto es resultado de la idealización del progreso en la década de los años cincuenta-sesenta en la industrialización del país. El fracaso del ideal moderno en el cual ahora nos deja sin estas actividades que antes fueron importantes para el ocio. Muchas son imágenes tomadas por Florencia y otras son imágenes viejas de personas interactuando con Chapala.
También hay imágenes del ganado que son los únicos que se meten al lago. Al final acaban siendo fantasmas del agua, estas actividades que se quedan en la memoria porque ya no se pueden realizar.
Junto con la obra de Florencia, encontramos una puerta oculta por el paso del tiempo, en la que Laura Garza evidencia su existencia con una fina línea, casi imperceptible a la vida, de esas obras de arte que están ahí pero que no ves.

Y casi finalizando pero ubicadas al principio en la entrada a la exposición encontramos un video de Claudia y una pieza discreta, que simula ser un charco, algo que se apodera del edificio.

Entre la plática de la visita guiada, Claudia cuenta que ella fue la que contactó a la curadora, hubo primero un eje que fue de lo personal es político y una vez encontrado el sitio de exhibición se definió el título y la vocación de las 25 obras que forman la exposición.
La exposición estuvo del 5 de julio al 5 de septiembre, cerrando con broche de oro con una charla de Fernando del Río hablando sobre cuando era la Panadería del Río en ese sitio.

Agradecimiento a Claudia Rodríguez, Florencia Guillén y Laura Garza por la visita guiada, sin su charla no sería posible este texto.
Entrevista por Alejandra Munguía
